Cetresge es el acrónimo que utilizaba el desaparecido (1990) escritor ecuatoriano Gustavo Garzón y que toma la dirección de esta página: cetresge.blogspot.com, como un homenaje a su pensamiento, un testimonio de su vigencia y un reclamo permanente por la vida y contra la impunidad.
Mostrando entradas con la etiqueta REPRESIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta REPRESIÓN. Mostrar todas las entradas
viernes, 13 de septiembre de 2019
miércoles, 30 de mayo de 2018
Sobre la existencia del SIC-10
https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/actualidad/1/sic-10-seria-la-unidad-que-desaparecio-a-los-hermanos-restrepo
https://lahora.com.ec/noticia/1101517125/fiscalc3ada-sic-10-sc3ad-existic3b3-como-una-estructura-clandestina-policial-
http://www.ecuadorinmediato.com/index.php?module=Noticias&func=news_user_view&id=198384
https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/judicial/1/fiscalia-confirma-existencia-de-la-policia-clandestina-sic-10
domingo, 13 de abril de 2014
sábado, 5 de abril de 2014
Sobre las matanzas en Guayaquil
Los enemigos de Guayaquil
*Fernando Falconí Calles
Los piratas tenían la muy mala costumbre de saquearla. En 1684 la ciudad soportó los robos de William Dampierre, Swan y Davies. En tanto que Grogniet, Piccard y Hewitt la asaltaron en 1687.
Los enemigos de Guayaquil son aquellos que, el 15 de noviembre de 1922, masacraron a los artesanos, trabajadores, obreras, humildes cocineras, lavanderas, niños y ancianos.
El proletariado guayaquileño estaba formado por los trabajadores del alumbrado, de los talleres mecánicos, del agua potable, de las panaderías, de las piladoras, del Cuerpo de Bomberos, de los tranvías eléctricos, del cacao, de los carros urbanos. Por los estibadores, por los vaporinos.
Por aquellos años se produjo un grave proceso inflacionario y, consecuentemente, un enorme deterioro en el nivel de vida de los habitantes de la ciudad.
Se convocó a una huelga general y se realizaron -pacíficamente- marchas y protestas multitudinarias. José Luis Tamayo, mediante un telegrama dirigido al Jefe de Zona, le ordena: “Espero que mañana a las seis de la tarde me informará que la tranquilidad ha vuelto a Guayaquil, cueste lo que cueste, para lo cual queda usted autorizado”.
Varios historiadores sostienen que en la tragedia de 1922 fueron asesinadas alrededor de 2.000 personas. Por aquella época Guayaquil tenía aproximadamente 65.000 habitantes. Los fallecidos representaron el 3% de la población total de la ciudad.
Si consideramos el 3% de los 2’500.000 habitantes que hoy tiene Guayaquil, los muertos serían 75.000. ¡Setenta y cinco mil! Esto nos da una idea muy clara de la magnitud de la masacre de 1922.
Esta fue la primera -y no sería la última- represión sangrienta de las élites, como clase dominante. El 2 de junio de 1959, los estudiantes secundarios de Guayaquil expresaban su descontento con el gobierno del socialcristiano Camilo Ponce Enríquez. Se tomaron las calles y muchos puntos de la ciudad quedaron bajo su control.
En la intersección de 10 de Agosto y Boyacá, la Policía abrió fuego. Cinco estudiantes fueron asesinados.
El 3 de junio de 1959, desde las primeras horas de la mañana, se realizaron protestas. Concluido el sepelio, ya al caer la noche, el Ejército, utilizando ametralladoras y fusiles, disparó a los estudiantes y a las masas empobrecidas. Muchos muertos fueron colocados en fosas comunes.
El monumento a los enemigos de Guayaquil, que propone el Cabildo, ¿será para los piratas Dampierre, Swan, Davies, Grogniet, Piccart, Hewitt?
¿Será, tal vez, para José Luis Tamayo y Camilo Ponce?
Pronto lo sabremos.
FUENTE:
http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnistas/item/los-enemigos-de-guayaquil.html
Matanza del 2 y 3 de junio de 1959
jueves 05 de junio del 2008
¿Dónde están?
El 2 de junio de 1959 los colegios de Guayaquil, infectados por el descontento contra el gobierno de Camilo Ponce Enríquez, se arrojaron a las calles. Amplios sectores de la ciudad quedaron en manos de los jóvenes. En la noche la caballería intentó retomar el control, pero los jóvenes respondieron con cohetes y bolas de vidrio que inutilizaron a los caballos.
Al ponerse el sol, los bajos de El Telégrafo se convirtieron en el centro de los combates. Allí había un edificio en construcción. Los estudiantes lo hicieron su cuartel general. Pero llegaron refuerzos policiales que ingresaron disparando. Allí cayeron veinte adolescentes.
La Policía se deshizo de los cadáveres, pero una multitud de universitarios, trabajadores y desempleados, al extenderse la noticia, se lanzó a las calles. Algunos delincuentes protagonizaron los primeros saqueos.
Los más exaltados mataron a varios policías. La casa del Intendente fue saqueada. Desde el tercer piso un policía semidesnudo fue arrojado a la calle. Ya en el piso amarraron su cuerpo a la cola de un caballo y lo arrastraron.
En la noche, los tanques del Ejército ingresaron a la ciudad. Recorrieron las principales calles pero no dispararon un solo tiro. Al día siguiente una muchedumbre concurrió al sepelio de seis cadáveres que la Policía no había podido ocultar. Durante todo el día se marchó coreando canciones revolucionarias y gritos contra Ponce. De tanto en tanto circulaban vehículos militares que recibían el aplauso de la población.
Los estudiantes lanzaron piedras contra el Consulado norteamericano y alrededor de las seis de la tarde el populacho incendió la Oficina de Seguridad. Decenas de delincuentes huyeron. Entonces comenzó de nuevo el saqueo en los alrededores de la casa de empeños El Sol. El Gobierno impuso la ley marcial. En la noche, los tanques del Ejército comenzaron a disparar. Ametralladoras antiaéreas arrojaban proyectiles diseñados para alcanzar los 2.500 metros, a cientos de personas que se hallaban a menos de una cuadra.
Un testigo de la época me lo contó así: “Existía un cuartel de bomberos en la avenida Olmedo, la Luzarraga, y me presenté allí como voluntario para ayudar a los heridos. No puedo saber cuántos eran pero estaban por todas partes, en Pichincha, Malecón, Aguirre, Luque, sobre todo Villamil. Calculo que habrán muerto esa noche dos mil personas. Los almacenes de armas Zunino estuvieron a punto de ser saqueados y solo lo evitamos gritándoles a los manifestantes que llegaban los militares, y eso los hizo huir. Llevábamos a los heridos al hospital León Becerra y al Vernaza, pero después ya no había dónde ponerlos porque inundaban los pasillos. Viví entonces una de las experiencias más terribles de mi vida, cuando frente a El Sol vimos una señora entre los escombros, con un limón en la mano extendida. Cuando la quise levantar, era solo el torso; las balas de ametralladoras antiaéreas le habían partido el cuerpo por la mitad”.
Nadie sabe hoy dónde están los cadáveres de la locura del 2 y 3 de junio de 1959. Alguien me dijo que los arrojaron a una fosa común cerca de la base de San Antonio, pero quizás sea solo un rumor. Tampoco se conoce a los autores materiales de la masacre. Nunca se inició una investigación. Ahora que Javier Ponce está en el Ministerio de Defensa, ¿se atreverá a develar lo que, medio siglo después, se oculta todavía?
FUENTE:
http://www.eluniverso.com/2008/06/05/0001/21/56F00CFB16AB4B70B81DC75271502A6D.html
El 15 de noviembre de 1922
La matanza obrera de 1922
En octubre de 1922, por iniciativa de la Sociedad Cosmopolita de Cacahueros “Tomás Briones”, se constituyó en Guayaquil la Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana (FTRE). Dos días después, la Asamblea de Trabajadores del Ferrocarril de Durán resolvió presentar al gerente, J.C. Dobbie, un pliego de demandas: respeto a la ley de 8 horas de jornada diaria (1916) y de accidentes de trabajo (1921), aumento de salarios, semana laboral de 6 días (era de 7), estabilidad, supresión de descuentos arbitrarios a los sueldos y otras reivindicaciones.
Al no recibir respuesta, al día siguiente los ferrocarrileros iniciaron la huelga, respaldada por la FTRE, la Confederación Obrera del Guayas (COG) y la Asociación Gremial del Astillero. En los siguientes días aumentó la solidaridad de otros gremios. La alarma que produjo la paralización del ferrocarril en el país forzó al gerente Dobbie a entrar en arreglo con los huelguistas, y el 26 de octubre las partes suscribieron el acta en la que fueron aceptados los planteamientos de los trabajadores.
El éxito de los ferrocarrileros de Durán motivó el levantamiento de numerosas reivindicaciones por parte de los trabajadores guayaquileños de la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica, la Empresa de Carros Urbanos, motoristas y conductores de los tranvías eléctricos, operarios de los carros de tracción a mula, trabajadores del gas, verteros, taller de carrilanos, cascajeros, etc.
El 10 de noviembre se sumaron a la huelga los trabajadores de las fábricas de Guayaquil; el 11, artesanos y constructores; el 13, los voceadores y nuevas fábricas. La FTRE declaró el paro general. El 14 Guayaquil era una ciudad paralizada y sin luz. El día 15 de noviembre, la gigantesca manifestación de trabajadores por las calles de Guayaquil fue reprimida a fuego abierto. Murieron centenares de manifestantes.
La masacre del 15 de noviembre de 1922 expresó el despertar de las reivindicaciones laborales en el Ecuador. Sin embargo, las justas demandas obreras ya fueron atacadas de “comunistas” y “excesivas”. La matanza, de la que fuera responsable el gobierno de José Luis Tamayo (1920-1924) y la oligarquía guayaquileña, fue justificada con el argumento de que se había disparado contra “saqueadores” y “delincuentes”.
Esa jornada obrera sirvió para que la Revolución Juliana (1925) asumiera representar al “hombre proletario” y ha formado parte de la identidad de las izquierdas ecuatorianas con la clase trabajadora del país.
FUENTE:
http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnistas/item/la-matanza-obrera-de-1922.html
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
